Mateo 16:24-27. Reina-Valera 1960
24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
25 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.
26 Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
27 Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.
Como hijos adoptivos de Dios, hemos sido llamados a glorificarle con una vida recta. Ayer vimos que esto implica hacer cambios en nuestra vida. Hoy, consideremos dos cambios más que pueden ser necesarios.
Un ajuste potencial tiene que ver con nuestras creencias: la manera de pensar de un cristiano debe coincidir con la de Cristo. La influencia del mundo es poderosa, y si seguimos su manera de pensar, buscaremos solo nuestro beneficio personal sin pensar en los demás. Pero quienes conocen la Biblia saben que los últimos serán los primeros (Marcos 9.35); que Dios es el único que merece nuestra alabanza (Salmos 96.4); y que los cristianos deben ser personas generosas (1 Timoteo 6.18).
Por último, es posible que tengamos que reconsiderar nuestros compromisos para que el Señor ocupe el primer lugar. Sus deseos para nosotros deben primar sobre lo que queremos, y sobre lo que otros nos pidan que hagamos. Debemos evaluar nuestras decisiones a la luz del plan de Dios para nosotros. Esto puede significar renunciar a un pasatiempo, asumir una nueva responsabilidad o renunciar a un nuevo proyecto. Nuestro Padre celestial quiere y merece toda la devoción de sus hijos (Mateo 22.37).
Estos cambios no suceden inmediatamente en el momento de nuestra salvación; por el contrario, se producen a lo largo de toda la vida. Siempre que el Espíritu Santo nos indique una verdad más profunda o nos llame a una nueva tarea, tendremos que hacer más “alteraciones”. Pero tales cambios estarán acompañados de la confianza de saber que Dios nos usará para realizar su plan.
sábado, 16 de mayo de 2015
viernes, 15 de mayo de 2015
Ajustando Tus Planes A Cristo
Mateo 4:18-22. Reina-Valera 1960.
18 Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.
19 Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.
20 Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron.
21 Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó.
22 Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.
He sido cristiano por muchos años, y ni una sola vez Dios me ha preguntado: “¿Qué es lo que quieres hacer?” El Señor no cambia sus planes para satisfacer mis propósitos o los de usted. Por el contrario, nos pide que ajustemos nuestra vida para que se alineen con su voluntad.
Uno de los cambios que siempre nos pide que hagamos tiene que ver con nuestro estilo de vida.
Andrés, Jacobo y Juan eran pescadores antes de convertirse en discípulos de Jesús. Sus vidas giraban en torno a los detalles de su ocupación —de las condiciones del tiempo, de la pesca y de obtener alguna ganancia. Pero cuando Jesús los llamó a ser pescadores de hombres, de buena gana y de inmediato hicieron un cambio dramático.
Por el contrario, el joven rico se marchó triste cuando se dio cuenta de lo que tendría que dejar para seguir a Cristo (Mateo 19.21, 22). Cuando el Señor nos hace una invitación, por lo general, nos pide que cambiemos nuestra manera de vivir. Ya sea que esto implique cambiar de empleo o modificar algunos hábitos, Dios espera que nos adaptemos a su plan.
Antes de ser invitados a viajar en compañía de Jesús, Jacobo y Juan trabajaban en un negocio familiar con su padre. Decirle sí a Dios significó ver a sus amigos y a sus familiares con menos frecuencia. Seguir el plan del Señor puede significar lo mismo para nosotros. Pero Cristo promete una gran ganancia por cualquier sacrificio que hagamos (v. 29).
Gracias al carácter perfecto del Señor, podemos confiar en la dirección que nos da. Por tanto, ajustarnos a su plan es siempre la acción más sabia que podemos tomar (Proverbios 3.5, 6).
18 Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.
19 Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.
20 Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron.
21 Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó.
22 Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.
He sido cristiano por muchos años, y ni una sola vez Dios me ha preguntado: “¿Qué es lo que quieres hacer?” El Señor no cambia sus planes para satisfacer mis propósitos o los de usted. Por el contrario, nos pide que ajustemos nuestra vida para que se alineen con su voluntad.
Uno de los cambios que siempre nos pide que hagamos tiene que ver con nuestro estilo de vida.
Andrés, Jacobo y Juan eran pescadores antes de convertirse en discípulos de Jesús. Sus vidas giraban en torno a los detalles de su ocupación —de las condiciones del tiempo, de la pesca y de obtener alguna ganancia. Pero cuando Jesús los llamó a ser pescadores de hombres, de buena gana y de inmediato hicieron un cambio dramático.
Por el contrario, el joven rico se marchó triste cuando se dio cuenta de lo que tendría que dejar para seguir a Cristo (Mateo 19.21, 22). Cuando el Señor nos hace una invitación, por lo general, nos pide que cambiemos nuestra manera de vivir. Ya sea que esto implique cambiar de empleo o modificar algunos hábitos, Dios espera que nos adaptemos a su plan.
Antes de ser invitados a viajar en compañía de Jesús, Jacobo y Juan trabajaban en un negocio familiar con su padre. Decirle sí a Dios significó ver a sus amigos y a sus familiares con menos frecuencia. Seguir el plan del Señor puede significar lo mismo para nosotros. Pero Cristo promete una gran ganancia por cualquier sacrificio que hagamos (v. 29).
Gracias al carácter perfecto del Señor, podemos confiar en la dirección que nos da. Por tanto, ajustarnos a su plan es siempre la acción más sabia que podemos tomar (Proverbios 3.5, 6).
jueves, 14 de mayo de 2015
La Guerra Real
2 Corintios 10:3-5. Reina-Valera 1960.
3 Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne;
4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas,
5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.
La estrategia principal del enemigo contra el creyente es el engaño. Sabemos por 2 Corintios 11.14 que Satanás “se disfraza como ángel de luz”. De hecho, Jesús lo llamó “padre de mentira” (Juan 8.44). Por tanto, nuestra mejor arma es la verdad, que nos libra de la esclavitud del engaño (v. 32).
Es difícil evitar el engaño cuando no se está consciente de los planes del adversario (2 Corintios 2.11). Uno de sus engaños más antiguos, que se remonta al tiempo de Adán y Eva, es la tentación para hacernos dudar de lo que el Señor ha dicho. Hacerlo significa dudar del amor y del carácter de Dios, lo cual nos hace como el soldado que depone su arma cuando se acerca el enemigo —desconfiar de Dios es lo que hace que el creyente sea abatido una y otra vez por el enemigo. Si usted escucha esta voz de duda, le da un punto de apoyo a Satanás. Eso le debilitará, y entonces, él podrá traer más daño a su vida.
Otro ardid del diablo es distraer al creyente. Una distracción es cualquier cosa que le haga desviar la atención de lo que es más importante en ese momento para que se enfrasque en otra cosa, perdiendo así el enfoque. Satanás no utiliza de manera clara cosas pecaminosas o superficiales para desviarnos de nuestra permanencia en Cristo; utilizará incluso cosas buenas para levantar sutilmente un muro de “ruido” en torno a usted para que poco a poco deje de escuchar la voz del Señor.
Ore para que Dios le ayude a identificar cualquier aspecto de su vida donde usted puede ser susceptible al engaño. Él le dará poder para aferrarse a la verdad y caminar en libertad.
3 Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne;
4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas,
5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.
La estrategia principal del enemigo contra el creyente es el engaño. Sabemos por 2 Corintios 11.14 que Satanás “se disfraza como ángel de luz”. De hecho, Jesús lo llamó “padre de mentira” (Juan 8.44). Por tanto, nuestra mejor arma es la verdad, que nos libra de la esclavitud del engaño (v. 32).
Es difícil evitar el engaño cuando no se está consciente de los planes del adversario (2 Corintios 2.11). Uno de sus engaños más antiguos, que se remonta al tiempo de Adán y Eva, es la tentación para hacernos dudar de lo que el Señor ha dicho. Hacerlo significa dudar del amor y del carácter de Dios, lo cual nos hace como el soldado que depone su arma cuando se acerca el enemigo —desconfiar de Dios es lo que hace que el creyente sea abatido una y otra vez por el enemigo. Si usted escucha esta voz de duda, le da un punto de apoyo a Satanás. Eso le debilitará, y entonces, él podrá traer más daño a su vida.
Otro ardid del diablo es distraer al creyente. Una distracción es cualquier cosa que le haga desviar la atención de lo que es más importante en ese momento para que se enfrasque en otra cosa, perdiendo así el enfoque. Satanás no utiliza de manera clara cosas pecaminosas o superficiales para desviarnos de nuestra permanencia en Cristo; utilizará incluso cosas buenas para levantar sutilmente un muro de “ruido” en torno a usted para que poco a poco deje de escuchar la voz del Señor.
Ore para que Dios le ayude a identificar cualquier aspecto de su vida donde usted puede ser susceptible al engaño. Él le dará poder para aferrarse a la verdad y caminar en libertad.
miércoles, 13 de mayo de 2015
El Enemigo Real
Hay una guerra espiritual que se libra en todo el mundo. Nosotros, como creyentes, debemos reconocer que nuestro enemigo es muy real, pero que, por medio de Cristo, tenemos el poder para luchar con efectividad.
Las Sagradas Escrituras declaran que Satanás y todo un imperio de espíritus malignos se oponen a Dios y a su reino. Sin embargo, los enemigos son ángeles caídos; aunque no debemos subestimar sus capacidades, no debemos dejarnos engañar creyendo que su poder es más de lo que realmente es. Los ángeles caídos no pueden rivalizar con Dios. Cuando el Señor reprendía a las fuerzas demoníacas que atormentaban a las personas, se veían obligadas a obedecer. Jesús dio a sus discípulos autoridad sobre estos espíritus (Lucas 10.17-20), y Él da la misma autoridad a sus seguidores hoy. Primera de Juan 4.4 dice que, por medio del Espíritu Santo, ya hemos vencido al enemigo, “porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo”. Sin embargo, si no tomamos la posición que tenemos en Cristo, nos sentiremos agobiados y derrotados.
Aunque Satanás no puede apoderarse de nuestras almas, tratará de hacernos inefectivos. Cuando cedemos a la tentación, él puede decir: “Eres un débil e indigno pecador que nunca serás capaz de servir realmente a Dios”. Si creemos tales acusaciones, corremos el doble riesgo de dejar de escuchar la voz de la Verdad y de olvidar nuestra verdadera identidad en Cristo. En vez de eso, podemos resistir al diablo (Santiago 4.7), y decirle: “¡Rechazo tus mentiras y te reprendo en el nombre del Señor Jesús! Más aun, llevo cautivo ese pensamiento a Cristo” (2 Corintios 10. 5). ¡Tenemos esa autoridad!
martes, 12 de mayo de 2015
VENCIENDO LA SOLEDAD
Salmos 25:15-22. Reina-Valera 1960.
Mis ojos están siempre hacia Jehová,
Porque él sacará mis pies de la red.
Porque él sacará mis pies de la red.
Mírame, y ten misericordia de mí,
Porque estoy solo y afligido.
Porque estoy solo y afligido.
Las angustias de mi corazón se han aumentado;
Sácame de mis congojas.
Sácame de mis congojas.
Mira mi aflicción y mi trabajo,
Y perdona todos mis pecados.
Y perdona todos mis pecados.
Mira mis enemigos, cómo se han multiplicado,
Y con odio violento me aborrecen.
Y con odio violento me aborrecen.
Guarda mi alma, y líbrame;
No sea yo avergonzado, porque en ti confié.
No sea yo avergonzado, porque en ti confié.
Integridad y rectitud me guarden,
Porque en ti he esperado.
Porque en ti he esperado.
Redime, oh Dios, a Israel
De todas sus angustias.
De todas sus angustias.
El Señor desea que todas las personas se sientan conectadas a Él, y unas con otras. De hecho, podemos ser consolados rápidamente cuando respondemos de manera sabia a la soledad.
El primer paso es establecer una relación personal con Cristo. No es suficiente con creer que existe. El Señor nos creo con la necesitad de compañerismo; por eso es que relacionarnos con Él nos da sensación de unidad.
Segundo, tenemos que reconocer el hecho de que nos sentimos solos. Algunos cristianos creen incorrectamente que no deben ser susceptibles a los sentimientos humanos normales. Pero la Biblia no dice que no sufriremos de aislamiento emocional. No solamente hombres como David y Pablo, sino incluso el mismo Señor, supieron lo que era el dolor de sentirse abandonados (Sal 25.16; 2 Ti 4.16; Mt 26.40; 27.46).
Por último, debemos tener amigos fieles a Cristo, hermanos que reirán, llorarán y se identificaran con nosotros. Pero, sobre todo, necesitamos amigos que nos encaminen siempre a Dios y que oren por nosotros.
No podemos negar los sentimientos de soledad, ni podemos huir de ellos. Una persona que busca maneras de escapar de tales sentimientos solo aumenta la brecha entre el Señor y ella. Solo hay una manera de cerrar la brecha y vencer la soledad, y es acercándonos al Señor.
Charles Stanley.
domingo, 10 de mayo de 2015
¿Te Sientes Solo?
Hebreos 13:1-5. Reina-Valera 1960
Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo.
Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.
Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré;
Dios nos creó para tener compañerismo con Él y de unos con otros. Él no desea que vivamos solos. Es por eso que su Palabra contiene promesas de su presencia constante, así como instrucciones para evitar la soledad entre miembros de la iglesia.
El Señor hizo hincapié en su presencia incesante, porque Él conoce nuestra necesidad de seguridad, especialmente cuando nos sentimos abandonados o aislados. Esta reconfortante promesa fue hecha a Josué, a los israelitas, y a los discípulos que estaban a punto de presenciar la ascensión de Jesús.
Algunos santos de la Biblia recogieron el tema en sus escritos, también. David buscaba a menudo la consolación de Dios. Y Pablo predicó que nada podía compararse con tener a Cristo. Dios quiere que cada creyente confíe en que Él está absolutamente cerca.
La iglesia está concebida para satisfacer nuestra necesidad de conectarnos con otras personas. Un cuerpo espiritual funciona de manera parecida a un cuerpo humano —sus partes son independientes, pero a la vez independientes, y cada una necesita de las demás para poder funcionar bien. Necesitamos el apoyo de nuestros hermanos en Cristo. Sabiendo esto, Pablo amonestó a los creyentes a aceptarse unos a otros (Ro 15.7), a sobrellevar las cargas de los otros (Gá 6.2), y a no juzgar (Ro 14.13).
La soledad puede paralizar a una persona emocional y espiritualmente. Los seres humanos no fuimos creados para andar por este mundo solos. Estamos hechos para las relaciones, las cuales Dios facilita gozosamente. Y para que no olvidemos que el Señor está cerca, Él ha dado en la Biblia esta afirmación constante: te amo y estoy contigo para siempre.
Permanezca el amor fraternal.
No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo.
Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.
Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré;
Dios nos creó para tener compañerismo con Él y de unos con otros. Él no desea que vivamos solos. Es por eso que su Palabra contiene promesas de su presencia constante, así como instrucciones para evitar la soledad entre miembros de la iglesia.
El Señor hizo hincapié en su presencia incesante, porque Él conoce nuestra necesidad de seguridad, especialmente cuando nos sentimos abandonados o aislados. Esta reconfortante promesa fue hecha a Josué, a los israelitas, y a los discípulos que estaban a punto de presenciar la ascensión de Jesús.
Algunos santos de la Biblia recogieron el tema en sus escritos, también. David buscaba a menudo la consolación de Dios. Y Pablo predicó que nada podía compararse con tener a Cristo. Dios quiere que cada creyente confíe en que Él está absolutamente cerca.
La iglesia está concebida para satisfacer nuestra necesidad de conectarnos con otras personas. Un cuerpo espiritual funciona de manera parecida a un cuerpo humano —sus partes son independientes, pero a la vez independientes, y cada una necesita de las demás para poder funcionar bien. Necesitamos el apoyo de nuestros hermanos en Cristo. Sabiendo esto, Pablo amonestó a los creyentes a aceptarse unos a otros (Ro 15.7), a sobrellevar las cargas de los otros (Gá 6.2), y a no juzgar (Ro 14.13).
La soledad puede paralizar a una persona emocional y espiritualmente. Los seres humanos no fuimos creados para andar por este mundo solos. Estamos hechos para las relaciones, las cuales Dios facilita gozosamente. Y para que no olvidemos que el Señor está cerca, Él ha dado en la Biblia esta afirmación constante: te amo y estoy contigo para siempre.
La “huella” de una madre

... Traigo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice, y estoy convencido de que también en ti.
La Biblia nos muestra varios cuadros de madres, que, aunque no perfectas, cada uno nos cuenta una historia.
La madre de Moisés transgredió las leyes de la tierra para garantizar la seguridad de su hijo y enseñarle la fe de su pueblo (lee Éxodo 2:1-9).
La madre que se presentó ante el rey Salomón dispuesta a renunciar a su hijo antes de perjudicarle (lee 1 Reyes 3:16-27).
La madre de Santiago y Juan les amaba tanto que deseaba verles sentados a ambos lados de Cristo en su futuro reino (lee Mateo 20:20-23).
Pablo vio en Timoteo a un joven de carácter genuino debido a “…la fe…, la cual habitó primero en tu abuela Loida y en tu madre Eunice…” (2 Timoteo 1:5). Lo más significante que sabemos de la madre de Timoteo es que la mamá de ella era creyente, ya que aunque la fe no se puede “heredar”, sí puede transmitirse de generación en generación a través de la influencia de padres devotos.
Un niño pequeño olvidó su papel en la obra de teatro de la escuela dominical; entonces, su madre se inclinó y le susurró una pista: “Yo soy la luz del mundo”. La cara del pequeño se iluminó y con una gran emoción, anunció: “¡Mi madre es la luz del mundo!”. Nos reímos, pero la verdad es que las madres “escriben” en los corazones de los niños lo que el tiempo nunca podrá borrar.
Caswell dijo: “Sólo más tarde en la vida es cuando un hombre mira hacia atrás y se da cuenta cómo la mano y el corazón de su madre han moldeado su destino”. Chuck Swindoll añadió: “Si has sido bendecido con una buena madre, cosecharás los beneficios de ello durante el resto de tu vida. Si tu madre desatendió tus necesidades, mucho de lo que sufriste no se podrá quitar.
Para bien o para mal, la ‘huella’ de una madre es importante”. ¿qué tipo de “marca” estás dejando en la vida de tus hijos? ¿Qué marca ha dejado tu madre en ti? Si te dejó una herida Jesucristo puede sanar esa herida y convertir tus dolores en gozo y recuerdos sanos.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
