"Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes." (2 Timoteo 2:14).
La verdadera requiere que no seamos inflexibles en cuanto a nuestras opiniones personales. En este pasaje, el apóstol Pablo advierte que las discusiones vacías y los pleitos por palabras no producen ningún beneficio espiritual; al contrario, pueden confundir y dañar la fe de quienes nos rodean. A menudo, estos conflictos surgen por temas que no están definidos como pecados en la Biblia, como preferencias sobre qué comer o qué días considerar sagrados.
Para cultivar una armonía real, debemos entender que el objetivo de nuestra comunicación no es ganar debates, sino seguir lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. Un seguidor de Jesucristo genuino debe desechar las contiendas y la envidia, vistiéndose de la luz del Señor para caminar con honestidad ante los demás. Cuando permitimos que nuestra sabiduría humana debilite la Palabra de Dios a través de argumentos estériles, perdemos de vista el propósito de nuestro crecimiento, que es la piedad. Debemos recordar que nuestra lengua tiene el poder de bendecir o de maldecir, y se nos llama a usarla para impartir gracia a los oyentes.
Aplicación
- Filtra tus palabras antes de responder: Cuando te encuentres en una situación de desacuerdo, toma un tiempo antes de hablar. Pregúntate si lo que vas a decir traerá "alimento para el hombre interior" de tu hermano o si solo servirá para alimentar un conflicto innecesario.
- Recibe al que tiene opiniones distintas: Aplica la hospitalidad genuina y la empatía al tratar con personas que piensan diferente en temas secundarios. Decide conscientemente no involucrarte en discusiones que interrumpan la comunión, recordando que todos compareceremos ante el tribunal de Dios y debemos rendir cuentas de nuestro amor mutuo.
Reflexiona
- ¿Estás permitiendo que tu deseo de tener la razón en opiniones personales levante barreras con tus hermanos en la fe?.
- Al observar tus conversaciones diarias, ¿son estas un reflejo de la gracia de Dios que edifica a otros, o se caracterizan por ser "contiendas de palabras" que no aprovechan?.
La Oración De Hoy
Amado Padre Celestial, hoy me acerco ante Ti reconociendo que muchas veces he usado mis palabras de forma descuidada, provocando divisiones en lugar de unidad. Te pido perdón por los momentos en que he confiado más en mi propia inteligencia que en Tu sabiduría, dejando que el orgullo guíe mi boca.
Señor Jesús, enséñame a ser un obrero aprobado que usa bien la palabra de verdad, buscando siempre Tu aprobación antes que el aplauso de los hombres. Espíritu Santo, llena mi corazón de Tu fruto de amor y paciencia para que pueda ser un ejemplo de bondad y perdón hacia mis hermanos. Te ruego que mis conversaciones hoy sean una carta leída de Tu gracia, contribuyendo siempre a la paz y a la edificación de Tu cuerpo. Amén. 🙏🕊️

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