lunes, 8 de junio de 2015

La oración en el nombre de Jesús

Juan 14.7-27

Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo...

Cuando cultivamos una vida de oración firme, nuestra manera de vivir y de ver las cosas cambian. Mediante la oración, el Señor puede transformar nuestra debilidad en su fortaleza, nuestra ignorancia en su sabiduría y nuestro vacío en su plenitud. El Señor Jesús está comprometido a darnos todo lo que pidamos en su nombre. Pero, ¿qué significa esto realmente?

Orar en su nombre significa reconocer que el Señor Jesús ha abierto el camino para que tengamos acceso al Padre. Cualquier persona que crea en la muerte de Cristo como pago total por sus pecados y le reciba como su Salvador personal puede, asombrosamente, acercarse al trono de Dios Todopoderoso (He 4.16).

Orar en su nombre significa ejercer la autoridad que Él ha dado a cada hijo nacido de nuevo. Jesús, el heredero de todas las cosas, nos ha hecho “coherederos” con Él (Ro 8.14-17). Entender nuestra posición debe darnos confianza y osadía para pedir con humildad y esperar la maravillosa respuesta de Dios. Estamos en una misión que nos obliga a ser personas de oración —conectadas siempre con el poder del Espíritu Santo, clamando siempre al Padre y dependiendo siempre de Él como nuestra fuente de ayuda.

Orar en el nombre de Jesús significa conformidad con su voluntad. Usted pide al Padre que supla su necesidad o su deseo como lo haría Jesús, de estar Él en su situación. Si usted ora con esta actitud, Dios le revelará su voluntad, porque usted deseará hacer solo lo que Él quiera. Esta es la clase de oración que cambia al mundo.

sábado, 6 de junio de 2015

Dones para Su Reino

Muchas personas escuchan la palabra servir, y sienten que no tienen las cualidades necesarias para bendecir a otros. Esto es cierto ­—separados de Dios. Sin embargo, Dios nos ha dado dones a cada uno con el propósito de servirle para el bien de otros.

A Satanás le gustaría que creyéramos lo contrario. Quiere que nos fijemos en lo que hacen los demás, para que nos sintamos inferiores. Por ejemplo, he escuchado decir a algunas mujeres: “Yo solo soy un ama de casa”. Ven a otras personas predicando y cantando en el coro, y quisieran poder hacer algo muy grande para Dios. Pero nada podría estar más lejos de la verdad. Quienes tienen la responsabilidad de instruir a los hijos tienen una responsabilidad enorme.

En realidad, el Espíritu Santo nos ha dado dones para el trabajo específico en el reino de Dios. La Biblia lo compara con un cuerpo humano. Cada persona tiene dones y objetivos que hacen que todo el sistema funcione bien. Pero si el talón quiere tener el papel del ojo, todo el cuerpo perderá el equilibrio.

Cada parte es muy importante, a pesar de que algunas no son tan perceptibles como otras. A decir verdad, las personas con aptitudes menos evidentes tienen una ventaja, porque es posible que ellas no padezcan de orgullo y autosuficiencia.
Observe cómo se define Pedro: “Siervo y apóstol de Jesucristo” (2 P 1.1). Ya no era un hombre motivado por el interés propio. Después que comenzó a seguir a Jesús, se vio como un siervo de Dios. Nosotros, también, estamos llamados a servir al Rey de reyes con cualquier capacidad que hayamos recibido.
 

viernes, 5 de junio de 2015

El Buen Pastor


Muchas veces, Dios es retratado en las Sagradas Escrituras de una manera fácil de entender para nosotros. Uno de los pasajes más conocidos y favoritos de la Biblia es el Salmo 23, que comienza así: “Jehová es mi pastor; nada me faltará”. Aquí, David ofrece una emotiva y conmovedora imagen de Dios, describiéndole como un pastor de ovejas.

En la antigüedad, los pastores tenían una relación especial con sus rebaños. Pasaban el día con los animales, los guiaban por el camino, los protegían de peligros y metían en el corral a los que vagaban. Para las ovejas, el pastor era un compañero constante, hasta el punto de que los animales realmente llegaban a reconocer su voz y, por tanto, a responder solamente a su llamado.

En el Salmo 23, David reconoce su posición como la de una oveja bajo la dirección del Gran Pastor. Como tal, se regocija porque él es parte del “rebaño” del Señor, y por ser Dios un Guía tan tierno y misericordioso.

Por la seguridad que tenía de la protección y la guía del Señor, David fue capaz de exclamar categóricamente: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo” (v. 4). Esta es verdaderamente una declaración admirable porque revela que, aunque David estaba consciente de que iba a enfrentar tiempos difíciles, podía descansar en la confianza de que Dios lo sacaría adelante en la prueba.

Así como un pastor conoce a sus ovejas, Dios le conoce a usted. Dele gracias hoy porque le permite apacentarse en el prado de sus bendiciones.

jueves, 4 de junio de 2015

¿Acaso hay alguna cosa difícil para Dios?



Génesis 1:9:15.

(9)  Y le dijeron: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: Aquí en la tienda.
(10)  Entonces dijo: De cierto volveré a ti; y según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, que estaba detrás de él.
(11)  Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres.
(12)  Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor  ya viejo?
(13)  Entonces Jehová dijo a Abraham: ¿Por qué se ha reído Sara diciendo: ¿Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja?
(14)  ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo.
(15)  Entonces Sara negó, diciendo: No me reí; porque tuvo miedo. Y él dijo: No es así, sino que te has reído.

La pregunta que hace Dios: ¿Hay para Dios alguna cosa difícil?

Sólo los que confían y confiesan que Dios es Todopoderoso, pueden responder correctamente a esta pregunta.
Ante nuestra incredulidad Dios nos reta con esta pregunta. Es una pregunta que enfrentaremos constantemente, tal vez sintamos ganas de reírnos y pensemos con incredulidad. Si estamos cansados de años de frustración, de promesas que parecen que no se van cumplir o ya no tenemos esperanza. Dios te vuelve a preguntar ¿Hay alguna cosa imposible para mí?

Oración:
Señor que tu Palabra fortalezca mi fe y siempre confie en Ti y en Tus promesas.

miércoles, 3 de junio de 2015

Fuerzas Para Esperar

Isaías 40.28-31

Dios tiene un propósito y un plan para su vida, y su tiempo es perfecto. A veces, Él responde nuestras oraciones con un “sí” o un “no”. Pero, en otras ocasiones, dice: “Ahora no”. Cuando este sea el caso, podemos aprovechar las ricas recompensas que recibimos mientras esperamos.

Una bendición muy práctica es que Dios nos fortalece mientras nos apoyamos en Él. Isaías 40.31 habla de un águila que se remonta a las alturas —una metáfora adecuada de cómo el creyente que obedece al Señor será levantado y sostenido por el Espíritu Santo. De hecho, es interesante notar que la palabra hebrea para “viento” y “espíritu” vienen de la misma palabra: ruach.

Cuando enfrentemos una decisión difícil, lo fundamental es aprender a esperar. No hay ningún versículo de las Sagradas Escrituras que nos diga que debemos tomar las riendas de nuestra vida y encargarnos de librar nuestras batallas. Dios es quien lo hace a nuestro favor (2 Cr 20.15), pero debemos ser pacientes y confiar en Él.

Cuando David enfrentaba sus batallas más grandes, esperaba en el Señor. Dios lo sacó del foso de la muerte y lo plantó en tierra firme (Sal 40.1-3 NVI). Él hará lo mismo por usted. Cuando usted le obedece, el Señor le da las fuerzas para hacer las cosas que Él requiere; su Espíritu hace por usted lo que le resultaría imposible hacer por sí solo.

Al leer la Biblia, vemos que cada vez que un fiel servidor de Dios ganaba una victoria era porque estaba esperando y confiando en el Señor. De la misma manera, usted podrá experimentar la victoria si espera en Él.

martes, 2 de junio de 2015

El Que Espera Gana

Salmo 25.3-5

Esperar el tiempo de Dios no es algo pasivo ni ocioso —se necesita disciplina y obediencia. Puedo pensar en cuatro requisitos básicos para saber esperar.

Fe. Los caminos y el tiempo del Señor no son como los nuestros (Is 55.8, 9). Desde el punto de vista humano, la manera como Él hace las cosas suele ser totalmente diferentes de lo que nosotros esperamos. Pero a medida que confiemos más en Él, descubriremos que su manera de actuar tiene sentido.

Humildad. Para esperar en el Señor, debemos reconocer que lo necesitamos. La sumisión a su divina voluntad requiere humildad. Nadie puede rendirse por completo a Dios, y al mismo tiempo seguir adelante con sus propios planes.

Paciencia. ¿Está usted dispuesto a hacer una pausa hasta recibir una clara dirección de parte de Dios? Esto no significa desligarse y permitir que las circunstancias colapsen a su alrededor. Esperar en el Señor es una decisión que requiere paciencia.

Valentía. Esperar en Dios requiere valor, especialmente cuando somos presionados para actuar. Si se descuida, puede dejar de escuchar al Señor y seguir el consejo incorrecto. Por eso, mantenga su oído atento a la voz de Dios Todopoderoso, y no le irá mal.

Esperar en el Señor es una de las decisiones más sabias e importantes que podemos tomar en la vida. Y, contrariamente a la creencia popular, es un esfuerzo activo que requiere fe, humildad, paciencia y valentía.

lunes, 1 de junio de 2015

Cortala Con El Cuchillo

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Mateo 11:28.

En la película de 1986, La misión, un traficante de esclavos apellidado Mendoza, agobiado por el sentimiento de culpa, se esfuerza por escalar una montaña mientras lleva encima un pesado bulto lleno de armas. Deliberadamente eligió esta engorrosa carga como penitencia por los violentos pecados de su pasado.

 Estando en la cima de la montaña y en lo peor de su frustración, Mendoza se balancea peligrosamente en una cresta infranqueable, con su embarazoso bulto que le impide moverse un centímetro más. Mientras hace toda la fuerza que puede, un joven nativo se acerca y saca un gran cuchillo. Mendoza teme por su vida, pero el joven tiene otra cosa en mente. Corta el pesado bulto de la espalda de Mendoza, y lo deja caer en la profunda hondonada.

Incapaces de comunicarse entre sí, los dos hombres se abrazan mientras las lágrimas de Mendoza revelan su profunda gratitud.

Aunque el pecado destruye la vida de todos, Dios no nos ha llamado a llevar el peso de la culpa en nuestras espaldas. Tampoco nos exige que expiemos nuestros delitos. En vez de eso, Él envió a su único Hijo, Jesús, para cargar con los pecados de toda la humanidad. La sangre del Salvador fue derramada para eximirnos del pago de la deuda que cada uno de nosotros tenía con Dios (Jn 3.16; Ro 4.25).

¿Qué carga está usted llevando en este momento? El Salmo 55.22 dice que la echemos sobre el Señor. ¿Dejará que el Señor Jesús “corte el lazo” y que Él le reciba con sus brazos extendidos?